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¡Maravilloso Machu Picchu!
La ciudadela inca de Machu Picchu es a la vez el principal atractivo turístico y una de las áreas naturales protegidas más importantes del país. Y desde julio pasado goza de un nuevo y merecido reconocimiento: ha sido elegida como una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo.
Texto y fotos: Walter H. Wust / www.walterwust.com
El conjunto arqueológico se encuentra estratégicamente enclavado en la cumbre de la montaña Machu Picchu (en quechua, “monte viejo” o “monte mayor”), que brinda a la ciudadela el nombre y el espectacular marco paisajístico que todos hemos visto fotografiado. Frente a ella se levanta imponente la cumbre del Huayna Picchu (“monte joven”), en cuya cima y laderas se ubican también restos arqueológicos. Ambas cumbres se encuentran bordeadas por el torrentoso río Urubamba, que corre encañonado, con rumbo hacia el oriente, unos 400 metros bajo el nivel de la ciudadela.
Machu Picchu fue descubierta por el antropólogo norteamericano Hiram Bingham, profesor de la Universidad de Yale, el 24 de julio de 1911, guiado por el campesino cusqueño Melchor Arteaga, que ya había ubicado empíricamente las ruinas. Años atrás, en 1875, el investigador franco-austríaco Charles Wiener trató de encontrar la ciudadela, interesado por las antiguas leyendas sobre una deslumbrante “ciudad perdida” en esa zona. Bingham, que realizó minuciosos estudios de las ruinas en 1912, 1914 y 1915, creyó en un primer momento que había descubierto Tamputok’o, la cuna mítica de los fundadores del imperio. Luego estimó que había descubierto Vilcabamba ‘La Vieja’ o quizás Vitcos, ciudad sagrada de los incas rebeldes y sus descendientes después de la conquista.
Como es natural, la ciudadela impresionó a Bingham, quien escribió estas palabras en su diario de viaje: “Para impedir que los enemigos o visitantes no deseados la alcanzaran, confiaron primero en las corrientes del Urubamba, que son peligrosas aun en época seca y absolutamente impasables durante por lo menos seis meses al año. Por tres lados, esta era su línea de defensa. Por el cuarto, el macizo de Machu Picchu es accesible desde la meseta y sólo mediante una ceja angosta como un filo de navaja, de menos de cuarenta pies de anchura y flanqueada por precipicios: un verdadero Paso de las Termópilas”......(*)
(*) el articulo completo lo
encontrará en la edición Nº 22 de la Revista Orgullo del Perú.
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