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Caballos
Janetta Michael
Temperamento y energía
Impulsora tenaz del Caballo Peruano de Paso en los Estados Unidos, pocos como ella tienen la experiencia de haber criado otras razas para identificar con precisión las características claves de una tradición nacional que ya echó raíces en el norte del continente.
Texto: Martín Higa
Janetta Michael siempre quiso criar caballos, incluso desde muy pequeña. Sus padres —sabedores de que muchas jovencitas se apasionaban por los caballos temporalmente, pero luego crecían y se olvidaban de ellos— no querían que los criara, pero de alguna manera tenían que satisfacer lo que parecía sólo un capricho infantil. Y la respuesta la encontraron en los American Shetland Harness Ponies, raza que, por su tamaño y ternura, les pareció que sería más fácil y menos costosa de criar. Pero se equivocaron: un buen reproductor se vendía nada menos que por 160 mil dólares.
A pesar de ser una adolescente, Janetta aprendió con los Shetlands la experiencia necesaria en genética, manejo y enfrenadura. Es decir, todo lo contrario de lo que en un inicio aparentaba un juego para después del colegio.
De todas maneras, no era extraño imaginar que ella terminaría vinculada al mundo de los caballos: su familia creció en los ranchos de California, acostumbrada al campo y a criar en mayor o menor grado caballos Árabes, Cuartos de Milla, Pintos, Morgans, Saddlebreds, Tennessee Walking Horses y los Thoroughbreds de carrera.
“Mi abuela fue una gran aficionada y ella me introdujo a los caballos allá en el rancho de Guerneville, que ya llevaba el nombre de La Solana. Posteriormente tuve ponies, pero el primer caballo que fue propiamente mío fue un natural amblador de la raza Tennessee Walking Horse llamado ‘Cups Pride’, que tenía un temperamento dulce y llegaba a realizar un veloz paso lanzado. ‘Cups’ me estropeó para toda la vida —recuerda Janetta—. Estaba acostumbrada a montar caballos de muchas razas y lo disfrutaba, pero siempre supe que había un aire más deseable que el del trote”. Esa idea fue lo que finalmente la acercaría al Perú.
El caballo perfecto
La primera vez que Janetta escuchó acerca del Caballo Peruano de Paso fue a principios de la década de 1960, cuando compró una yegua de Bill McClenahan, dueño de Cypres Ridge Ranch, y este le dijo que era mitad árabe y mitad peruana. “Nunca antes había escuchado sobre la raza, y gracias a mi admiración por esa yegua averigüé más y me gustó lo que escuché. Así que con mi madre, Luetta, viajamos al Perú por primera vez en 1970 y fuimos afortunadas en conocer a Fito Matellini y Fernando Graña, quienes nos ayudaron inmensamente. Nos sentimos honradas también al visitar a grandes criadores, como José Musante, Carlos Parodi, Pepe Risso, Fernando Peschiera, Alfredo Elías y muchos más. Todos fueron hospitalarios y de gran ayuda”, agrega Janetta. ......(*)
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el articulo completo lo
encontrará en la edición Nº 22 de la Revista Orgullo del Perú. |
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