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Arte
Legado cusqueño
En el Perú, todos sabemos que los cuadros de la Escuela Cusqueña merecen un lugar destacado en la discusión, investigación y comercio del arte local. Pero poco se sabe de su historia, importancia y aportes al arte universal.
Texto: Pablo Vásquez
Aunque las culturas americanas prehispánicas desarrollaron una rica tradición en el manejo de la forma y el color, no utilizaron como medio de expresión el formato del lienzo o cuadro. Si bien la cerámica, la orfebrería, la arquitectura, los murales y los textiles precolombinos contienen una enorme riqueza de colores y formas -tanto abstractas como representativas- solo con la llegada de los españoles se impusieron los conceptos europeos de 'lienzo', 'cuadro', 'artista', 'pintor', 'técnica' o 'escuela', y las relaciones entre ellos.
Tuvo que pasar más de un siglo para que la difícil interacción entre ambos mundos -el indígena y el europeo- diera a luz lo que muchos consideran la primera expresión de sincretismo cultural americano: la Escuela Cusqueña.
Si bien la América precolombina estaba compuesta por un conjunto de culturas diversas y heterogéneas, a la llegada de los españoles el proceso de consolidación inca había logrado ya centralizar en el Cusco a los mejores artistas de la región: aquellos que proveían a las panacas reales de los objetos que, con arte, brillo y color, avalaban su poder mágico, político y religioso.
No es de extrañar, entonces, que fuera precisamente ahí, en el Cusco, donde la fusión de la tradición cultural indígena y europea diera sus primeros frutos artísticos originales. Pero el proceso demoró más de cien años, hasta inicios del siglo XVII. Comparativamente con la velocidad que imprime la tecnología actual, en el pasado todo transcurría más lentamente.
Para el siglo XVIII, la llamada Escuela Cusqueña ya estaba totalmente establecida como una corriente americana original y sólida, expresada tanto en murales como en tabiques y, sobre todo, en lienzos. Aunque los artistas que la desarrollaban no solo provenían del Cusco, esa ciudad era su centro cultural por excelencia, como Viena lo fue para la música clásica. Desde aquí se llevaba a toda América y Europa estos lienzos que, sin bien mantenían la innegable impronta del barroco europeo, mostraban importantes innovaciones locales tanto en los materiales, las técnicas, los íconos y los temas, hasta límites que muchas veces desafiaban -de manera tácita pero firme- el poder español de la época......(*)
(*) el articulo completo lo
encontrará en la edición Nº 21 de la Revista Orgullo del Perú. |
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