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Personaje
Domingo Delgiudice Al maestro con cariño
A sus 74 años, y con exactamente cinco décadas como miembro de la Asociación, Domingo Delgiudice tiene autoridad de sobra para aconsejar sobre el trabajo, la crianza y la vida en general. Los demás escuchamos y aprendemos.
Texto: Martín Higa Fotos: Jaime Rey de Castro
Las sesiones de fotos que hacemos para esta revista no suelen tardar más de diez minutos. El entrevistado ladea un poco la cabeza, sonríe y se asegura de que el caballo levante con precisión las orejas. Contamos uno, dos y listo. La foto ya está. Con don Domingo Delgiudice necesitamos cuarenta minutos, pero bien valieron la pena. Por si acaso, ninguno de esos minutos fue utilizado para alguna coquetería o vanidad.
"Perdonen que me demore mucho, pero no puedo dejar que esta montura de trabajo quede así, hay que cambiarla. La de amansar es más cerrada que la de exhibición y no lleva pellón, que tengo que lucir en la foto. La correa de cinchar tiene que estar en su punto y no muy ajustada. No, de verdad no podemos permitir aperar mal y sin afición", dice con calma Domingo, mientras prepara al caballo que montará para ser retratado. "Es una lástima que los talabarteros estén distorsionando las medidas del apero peruano. Algunos los confeccionan como quieren", indica después, utilizando las manos para explicar las medidas correctas.
Este último verbo, explicar, define la personalidad de uno de los más entrañables amigos y aficionados que pueda tener el Caballo Peruano de Paso. Tiene 74 años bien llevados, lentes y un pañuelo sempiterno que le rodea el cuello. Cuando habla, arrastra las erres, siempre utiliza el usted y nunca renuncia a dar una lección, a contar una anécdota o a indicar un detalle que sirva para más adelante. Hago una corrección: quizás el verbo exacto para Domingo Delgiudice es enseñar. Igual como hacen los maestros, los que poseen el don del magisterio, los que te envuelven con una historia que nadie sabía o le agregan pinceladas que no se esperaban.
Delgiudice tiene suficiente para compartir y narrar. Nacido en Tarma, en ese valle fértil en mitad de lo Andes que funge de bisagra con la selva, debe mucho a sus dos abuelos: "Eran tan distintos. Mi abuelo paterno, Domenico Delgiudice, era un tipo grande y fuerte, un leñador humilde, un campesino italiano de Rocca di Mezzo, en Abruzzia, que llegó al Perú a los 33 años de edad a 'hacer la América'". Se hizo colono y fue a Chanchamayo, en Tarma, a sembrar café en una colonia inglesa. Luego se dedicó, con sus mulas, al transporte entre estas dos regiones, y fue encomendado por el gobierno del presidente Leguía para llevar el correo. Las cartas y encomiendas venían de Lima, pasaban por Tarma hasta Puerto Yessup, en la selva central, por la ruta del río Pichis, viaje que duraba diez días. Y finalmente llegaban de Yessup a Iquitos transportado por balseros. Eran tareas apasionantes para hombres muy guapos y decididos".
"Juan Praeli, mi abuelo materno, era muy distinto. Hombre culto, fino, delgado. Yo heredé su contextura. Nacido en Deiva, Génova, estudió comercio en Inglaterra y llegó muy joven al Perú y se afincó en Tarma como próspero comerciante, fungiendo de representante del Banco Italiano en Chanchamayo. Llevó la electricidad y estableció una fábrica de fideos en Tarma", añade don Domingo o, como le dicen todos, 'Dominguito'......(*)
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el articulo completo lo
encontrará en la edición Nº 21 de la Revista Orgullo del Perú. |
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