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Juez
Javier La Rosa
Criadores nuevos, aficionados de viejo cuño, los ganadores de siempre, las potenciales sorpresas. Como cada año, las expectativas aumentan cuando la fecha del Concurso Nacional de la Asociación se acerca. Aquí, el juez de 2007, Javier La Rosa Musante, explica su visión de la raza.
Texto: Martín Higa
La mejor prueba de la consistencia de Javier La Rosa Musante no estriba ni en la opinión mayoritaria de los criadores ni su dilatada trayectoria como juez, sino un paquete de hojas amarillentas, con apuntes de su puño y letra en tinta azul, que revisa delante de un nutrido grupo de aspirantes a jueces.
La Rosa está a punto de iniciar su seminario, como parte del programa de capacitación para nuevos jueces que la ANCPCPP lleva adelante durante la mañana de uno de los últimos sábados del verano, en Mamacona. En los apuntes, que escribió hace veintidós años, están plasmados sus conceptos y definiciones sobre el Caballo Peruano de Paso, que se mantienen invariables y que serán la norma para el Concurso Nacional de este año.
Ingeniero agrónomo de profesión, La Rosa pertenece a esa generación —quizá la última— que utilizó al Caballo Peruano de Paso en jornadas de trabajo diarias. “He montado durante once horas seguidas en el campo y por eso, por mi experiencia, tengo la certeza de que el caballo debe ser constante”, refiere.
Además —como él mismo reconoce— tuvo la fortuna de pasar tiempo con don Luis de Ascásubi, Antonio Graña Elizalde, Mario Cánepa, Carlos Luna y Fito Matellini, entre otros criadores que han marcado la raza a lo largo del último siglo. “Los ayudaba como asistente de jueces desde que tenía 14 años. Era una época en la que no había envidias y sí mucha conversación. Aún no había llegado la etapa de la comercialización, que de alguna manera influye en la crianza”, añade
Su trayectoria extensa de juez se remonta a la década de 1960, e incluye los concursos más importantes del país y del exterior. Fue juez del primer Departamental de Lima, en 1976, y del último Nacional en los Estados Unidos. “Allí no se exige tanto al caballo como en el Perú, donde los ejemplares regulares se despintan fácilmente en la cancha”, comenta......(*)
(*)
el articulo completo lo
encontrará en la edición Nº 20 de la Revista Orgullo del Perú. |
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