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Criador
Franky, el
autodidacta
Guatemalteco,
treinta años cumplidos como criador y uno de los
más entusiastas promotores del Caballo Peruano
de Paso en el continente, Francisco Marcucci
será una de las figuras del Concurso
Centroamericano este mes.
Texto: Martín Higa
Francisco Marcucci es un tipo
sincero y de palabra fácil. Sin pelos en la
lengua, reconoce que a mediados de la década de
1970, cuando se enamoró del Caballo Peruano de
Paso, no sabía nada de él y tampoco tenía a
mucha gente cerca para que le enseñara.
Guatemala no estaba en las rutas por las que el
CPP era llevado a los Estados Unidos, y los
ganaderos guatemaltecos poco habían escuchado de
una raza del sur, nieta de berberiscos, de mucho
linaje y caminar apto para todo terreno.
A ‘Franky’ Marcucci no le quedó más que aplicar
la fórmula de los apasionados: estudiar,
preguntar y equivocarse. “A mí me gustaba el
Caballo Peruano de Paso desde los siete años.
Recuerdo que uno de mis primeros acercamientos
ocurrió cuando el ingeniero Carlos Joaquín
García fue a Costa Rica y compró un potro que,
desde muy pequeño, fue mal alimentado. El potro
era Monarca, hijo de Caramelito con la yegua
Arica. Caramelito era hijo de La Vestal vieja
de Aníbal Vásquez con Caramelo y Arica era hija
de Picasol con Angamos, de Jorge Juan Pinillos.
Este potro estuvo en Guatemala y no se usó mucho
tiempo, porque nadie sabía lo que significaban
estas corrientes de sangre dentro de la cría”,
cuenta Marcucci. Durante esos años, en Guatemala
había caballos que caminaban básicamente en
ambladura, pero eran bonitos, tenían brío y
buenas crines.
Más tarde, Costa Rica le concedió
otra oportunidad única, de la mano del criador
Juan Rafael Cabezas. En abril de 1973, Cabezas
trajo un embarque de nada menos que 110 caballos
hacia el puerto costarricense de Alajuela, en el
Atlántico, pero el barco no pudo entrar al
muelle y el capitán de la nave decidió tirar
todos los ejemplares al mar, confiando en que su
naturaleza les permitiría nadar los cinco
kilómetros faltantes hasta llegar a las playas
más cercanas. El mismo Cabezas tuvo que recoger
en lanchas a los caballos que se rendían;
afortunadamente sólo tres se ahogaron.
“Fui a dictar un seminario de cólico equino y
don Juan Rafael Cabezas me invitó a su criadero.
Me quedé asombrado. El señor tenía en los postes
de su lechería de Alajuela caballos amarrados,
pero una cantidad impresionante y, sobre todo,
de una calidad enorme. Era muy buen jinete y
montaba la yeguas con excelente estilo. Me
decía: ‘Este es hijo de Sol de Oro (V); este es
hijo de Sol de Oro (J); este es hijo de Coral’.
A mí me daba exactamente lo mismo, porque no
sabía quién era uno ni quién era el otro, ni
nada de lo que veía”, afirma ‘Franky’.....(*)
(*)
el articulo completo lo
encontrará en la edición Nº 19 de la Revista
Orgullo del Perú.
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