Patrimonio

Maravillosas orquídeas

El Perú ostenta la mayor diversidad de orquídeas en el mundo: más de 3 mil especies. Es un rico patrimonio ecológico que, durante siglos, los peruanos hemos sabido integrar a la vida cotidiana, las fiestas y los ritos

Texto: Gabriel Espinoza Suárez
Fotos: Arturo Casalino


Desde hace cuarenta años, la señora Carol Burga habla a sus cattleyas. Pero eso no es todo: sus hermosas plantas se han acostumbrado a responderle. Aunque no es estrictamente una conversación, la señora Burga -presidenta del Club Peruano de Orquídeas- sabe escucharlas; es decir, puede distinguir con claridad la alegría que producen los nuevos brotes o la placidez del rocío sobre los pétalos abiertos. Y también sabe qué hacer cuando las plantas están estresadas, o cuando las ataca un hongo, o cuando necesitan más (o menos) agua, aire o luz. Descubrir ese lenguaje ha tomado tiempo. Los resultados saltan a la vista, pues las orquídeas han impregnado su hogar de aroma y color.
Pero la relación entre seres humanos y orquídeas no siempre ha sido apacible. Hace casi dos siglos, en Inglaterra se desató una rara enfermedad equivalente a la famosa 'fiebre del oro' californiana, sólo que en vez de la codicia por el dorado metal, los afectados por este mal sentían deseos irresistibles de poseer determinadas flores exóticas provenientes del Nuevo Mundo. La llamaron Orchidelirium, porque provocó tumultuosas pasiones y dio pie a una carrera indetenible de depredación y saqueo del patrimonio ecológico de muchos países, como el Perú y Brasil. Pero esa es sólo una parte de la historia. Hay otra versión.

Un antiguo vínculo
En el siglo pasado, el arqueólogo Julio César Tello descubrió un diseño fitomórfico grabado en las paredes de 'El Castillo' de Chavín de Huántar (centro ceremonial preincaico, ubicado en la sierra de Ancash). El diseño guarda semejanzas con las características de la mítica Flor de Lis, pero en realidad -según los entendidos- se trata de la orquídea Masdevallia amabillis, cuyo hábitat natural sólo existe en el Perú. Esta sería la más antigua ilustración de una orquídea peruana, pues se calcula que 'El Castillo' fue construido hace más de 3 mil años. En la actualidad, el vínculo sagrado permanece, pues los campesinos de Celendín (Cajamarca), Huari (Ancash), Chachapoyas (Amazonas) y Santiago de Chuco (La Libertad) adornan el anda de sus santos patrones con esa misma flor, a la que llaman 'guaganqui'. El amor por las orquídeas andinas acompañó por mucho tiempo al arqueólogo Julio C. Tello, pues en 1943 descubrió en Cusco la especie Epidendrum secundum, cuyo nombre en quechua -uiñay wayna, que significa 'siempre joven'- le sirvió para bautizar un importante conjunto arqueológico que forma parte del Santuario de Machu Picchu.....