Pamela, la música, un disco de oro, una nominación al Grammy y cómo mantener la serenidad en medio de la turbulencia.
Texto: Roberto Quiroz
Fotos: Chayo Saldarriaga y Jaime Rey de Castro
Pamela es como un remolino. Todo da vueltas a su alrededor, generando ruido y confusión. Pero al centro, en el ojo del huracán, se adivina la quietud, la serenidad, la paz.
"Estamos en una sociedad compulsiva. Sacas un disco y te preguntan: '¿Y ahora qué, Pamela?'; ganas un Disco de Oro, '¿Y ahora qué, Pamela?', te nominan al Grammy, '¿Y ahora qué, Pamela?'".
Entremos al remolino. Tras quinientas dificultades ("Fue un proceso duro, torpe, lento, pero me mantuve firme"), un año y cuatro meses después de iniciado el proceso, finalmente salió al mercado su disco debut Perú Blue. La primera proeza fue obtener el Disco de Oro. Y es que se trata de un trabajo alejado de lo que suelen ser los éxitos de ventas: íntimo, cálido, personal. Un disco de pop, pero también de música peruana. Con canciones propias y ajenas. Con letras sencillas, pero no fáciles. Con aroma a Chabuca Granda, pero también a bosanova, jazz y soul. La segunda sorpresa: una nominación a un Grammy.
Y entonces, llegamos al ojo del huracán: "No hay nada intencional en ese disco. La honestidad fue el eje central. Para mí, cuando la música fluye, fluye, y si no, pues no fluye. Tan sencillo como eso. Trato de no aferrarme a nada como artista. Si la inspiración viene, bienvenida, le agradezco. Tampoco me obsesiono con eso. Si una canción me llega en momentos inoportunos, la abrazo y la dejo irse".
Pero claro que quiere tener éxito. "Sería ridículo decir que no -aclara- después de todo lo que hago para tenerlo. Pero también me pregunto qué es tener éxito. Quiero tener una buena carrera, quiero que cada disco mío tenga un buen nivel conceptual pero también un lugar en el mercado. Quiero vender y que mis discos lleguen a la gente. Y quiero ser empresaria de los nuevos talentos que hay en el Perú. Pero primero, tengo que descifrar este mundo".
Yo soy rebelde
Pamela tiene una tendencia natural a quitarle solemnidad a las cosas. Desinfla las grandes palabras, desconfía de los títulos, de las etiquetas. Ella sólo hace lo que le apasiona. Tremendo privilegio -y valiente opción- en un país donde la mayoría sólo sobrevive.
"Siempre tuve claro lo que quería, pero no me gusta decir que 'era una artista'. Simplemente era una niña que tenía gustos diferentes. No jugaba con muñecas. Si me llevaban a una tienda escogía algún instrumento, o témperas para pintar. Lo que ocurre es que tengo una incontrolable manía por crear cosas, es una forma de vivir".....