Destino

Playas y algo más

Tres destinos playeros diferentes para este verano: al sur, uno ecológico (Wakama) y otro arqueológico (Puerto Inca), y al norte, en Lambayeque, un hermoso litoral rodeado de cultura viva.

Texto y fotos: Walter H. Wust


El Perú ha sido privilegiado por la naturaleza con más de 3 mil kilómetros de costas bañadas por uno de los mares más ricos del mundo, el mismo que lo ha convertido -al margen de ciertos excesos extractivos- en el cuarto país pesquero del globo. Con excepción de los 52 ríos que cortan la estrecha franja costera en su camino al Pacífico, el litoral presenta la forma de un árido desierto que se precipita hacia el océano en forma de amplias playas, resguardadas caletas, ásperos roqueríos y colosales salientes moldeadas por el ímpetu milenario del viento y las olas. En ocasiones, las dunas parecen avanzar incontenibles hasta perderse en el mar; otras veces es el salitre el que tiñe de dorado el paisaje agreste de este mundo inhabitado que se extiende justo al lado de la exuberancia de la orilla.
Este escenario de naturaleza pura es, al mismo tiempo, una suerte de lienzo gigantesco en el que se mezclan, como pinceladas de los más diversos colores, las costumbres de hábiles pescadores que aún hoy continúan cabalgando las olas en las mismas embarcaciones que construyeran sus ancestros, casi al inicio del tiempo. Un extraordinario pasado histórico -cuyos vestigios aparecen por doquier deslumbrando a todo aquel que se detiene a observarlos- se combina con una de las culturas gastronómicas más ricas del mundo en una tierra de contrastes y paisajes únicos, para formar ese país que lo invita a descubrir su esencia, sus colores y aromas, pero sobre todo, su gente.

Ecoplaya chinchana
¿Qué le parece disfrutar de un atardecer escuchando sólo el canto de las gaviotas, cabalgar por la orilla del mar, hacer una siesta en una hamaca bajo un techo de hojas de palma, o calentarse en la fogata al son de la música negra chinchana? Lo invitamos a conocer Wakama, la única 'ecoplaya' del Perú. Hasta no hace mucho, pocos habían oído hablar de ella. Para algunos su nombre exótico y polinésico suena a mezcla de aventura y seducción; para otros, es la novedad del verano. Lo que nadie puede dudar es que, cada año, más aficionados al sol y al mar coinciden en señalarla como una experiencia pionera en el disfrute de la naturaleza en armonía con el entorno. Cuando Beto Cillóniz y su esposa Anabel plantaron los primeros palos de bambú en las arenas de la playa chinchana de Jahuay, pocos creyeron que la experiencia llegaría muy lejos. Siete años después, una veintena de cabañas y más de sesenta casas levantadas en torno al primer balneario ecológico de la costa peruana son evidencia contundente de su esfuerzo y perseverancia.
Ubicada en una estrecha franja de arena entre el mar y los cerros, Wakama es un balneario natural único en su género en el país. Aquí no hay cemento, malecones, playas de estacionamiento ni centros comerciales. Tampoco hay multitudes peleando por un pedazo de arena para colocar sus toallas, ni vendedores ambulantes ofreciendo de todo los veraneantes. Aquí hay paz… y a manos llenas. Las casas lujosas han sido reemplazadas por cabañas de madera y techos de hoja de palma, y las veloces cuatrimotos por amables Caballos Peruanos de Paso. El único sonido que escuchará por estos lares es el graznido de las gaviotas y las risas de los niños jugando en la orilla. Su mar -más cálido que en el resto de la región debido a un sistema de corrientes generado en la cercana bahía de Paracas- es el hogar de juguetones delfines, y sus cielos la vía de paso de enormes bandadas de piqueros y guanayes.....