Personaje

Brero multiplicado

Actor, budista, conversador, padre, esposo, hijo… Gianfranco Brero tiene muchas encarnaciones y una sola esencia: la de un tipo extraordinario.

Texto: Roberto Quiroz
Fotos: Gerardo Puccio


Primera encarnación: pizzero ambulante. "A ver, cómprame una pizza, hermano, están buenísimas; mira cómo se derrite el queso mozzarella, recién horneadas. La mejor pizza italiana del malecón, a ver, quién quiere…". Gianfranco Brero recorría Ancón con su carrito pizzero, acompañado de su esposa Charo. Era aquel verano con cólera, y claro, la gente le huía al cebiche. Así que, ¿qué mejor que una pizza ofrecida por el simpático actor de apellido italiano? La estrategia de marketing no podía fallar… En efecto, Gianfranco Brero vendió tantas pizzas que pudo vivir cinco meses con el trabajo de tres. Segunda encarnación: actor premiado. Gianfranco Brero recorre la alfombra roja de San Sebastián y sube al podio para recibir la Concha de Plata al mejor actor, por su desempeño en Tinta roja, de Francisco Lombardi. El Festival de Cine de San Sebastián -el de mayor prestigio en España- lo premia en su versión del año 2000 por su impecable encarnación de Faúndez, un viejo periodista. Tercera encarnación: conductor de programa de televisión. Tres veces por semana vemos a Gianfranco hablar, reflexionar y reír en su programa "3G", junto con Natalia Parodi, Javier Echevarría e invitados.
Pues sí, Gianfranco Brero ha logrado ser varias personas en una sola vida. "Soy un sobreviviente. Soy multifacético, mis capacidades son muchas. Estoy convencido de que, si por un lado las cosas se van hacia abajo, por el otro se abren. Ha habido momentos en que tenía cuatro chambas: actuaba en Natacha, trabajaba en el colegio Antonio Raimondi, enseñaba en el IPP y en el instituto Charles Chaplin. Tengo una familia a mi lado y no puedo detenerme a pensar en si estoy actuando o no. ¡No hay tiempo ni para deprimirte!". Pero ahora, Gianfranco Brero parece estar nuevamente de moda. Y es que lo hemos estado viendo por partida triple: a su programa "3G" se ha sumado su papel en La prueba -recientemente estrenada- y en la telenovela Alta sociedad. Pero él cree que solo son coincidencias que hacen creer a la gente que es importante. "Hay un ensalzamiento de los actores: se nos quiere endiosar. Pero ser actor no es un trabajo más importante que ser médico. Y yo no siento que sea un artista; si quieres, puedo ser un artesano. Además, somos varias cosas en la vida. Ahora mismo soy entrevistado, pero luego puedo ser entrevistador, papá, hijo, actor, etcétera. Lo que da consistencia a todo esto es que somos seres humanos y nada más". Habló el Gianfranco budista, otra de sus encarnaciones. Quizá, la más trascendente.

Papás bohemios
La actuación le vino como una revelación, aunque la llevaba en la sangre. Su padre era ingeniero e italiano, por supuesto, y un buen día -a los cuarenta años- decidió que quería estudiar actuación. Su madre, cómplice permanente, le dijo que ella también. Así que se fueron ambos a los talleres de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA). Corría el año 1963; el pequeño Gianfranco aún no cumplía los diez. Y como no había con quién dejarlo, mamá y papá Brero cargaban con él. "Así fue como el teatro formó parte de mi infancia. Era un mundo mágico. Cuando mis viejos actuaban, yo tenía acceso entre bastidores, y cuando no, estaba con ellos en la platea", cuenta.
Se califica como un chico solitario de la clase media limeña, con un gran vínculo con sus padres. "Mis viejos eran liberales; yo tenía siempre un canal de comunicación abierto con ellos. Los dos eran muy inquietos, tenían un gran espíritu de búsqueda. Mi papá tenía más iniciativa, mi madre lo seguía. Por eso es que cuando mi viejo decide estudiar teatro, mi madre sabe que nada lo iba a convencer de lo contrario. Y se une a él. Lo que ella no sabía es que esa iba a ser una de sus grandes herencias". Por ejemplo, en 1989 -cuando muere su marido- a Elide Brero le ofrecieron un papel importante en la película de Lombardi Caídos del cielo......