Después de julio y diciembre, octubre es el mes que más importancia tiene en el calendario de festividades peruanas. En él se conjugan diversas conmemoraciones y tradiciones que dan a este mes un color y un carácter únicos y especiales, distintos del octubre de cualquier otro país.
Texto: Pablo Vásquez
Fotos: Arturo Casalino y Domingo Giribaldi / PromPerú
En 1624, esclavos negros traídos de Angola pintaron la imagen de un Cristo crucificado en una de las paredes del barrio de Pachacamilla, llamado así porque había sido ocupado por habitantes procedentes de Pachacámac (actualmente se levanta ahí el Monasterio de las Nazarenas). Siguiendo las costumbres españolas de la época, los negros esclavos formaban cofradías religiosas a cuyo amparo celebraban tanto fiestas católicas como ritos paganos provenientes de su oriunda África, en una mezcla sincrética que todavía fascina a historiadores y antropólogos. La cofradía de la Santa Cruz, como entonces se llamaba, encomendó a uno de sus miembros -cuyo nombre por desgracia se ha perdido- a que pintara un Cristo crucificado.
Este cumplió el encargo con especial talento, usando una gama de colores de inocultable origen africano. A esa imagen se encomendaron, por ejemplo, ante las amenazas del pirata Jacobo L'Hermite Clerk, empeñado en invadir la Ciudad de los Reyes. Pero fueron tres terremotos, ocurridos en Lima en noviembre de 1655 y octubre de 1687 y 1746, los que finalmente confirmaron, ante los ojos de los habitantes de Lima, el carácter milagroso de la imagen, que resultó siempre ilesa ante los embates de los sismos.
Fiesta morada
Un vasco llamado Sebastián de Antuñano, convertido en su fervoroso devoto, invirtió tiempo y dinero en el empeño de construir una capilla alrededor de la imagen y posteriormente sacarla en procesión, como un medio de aplacar los terremotos, que parecían preferir el mes de octubre para sacudir la capital. Como no era posible sacar en andas al Cristo original, pintado sobre una pared, se pintó una copia, que, alejándose de su origen africano, se hizo en la tradición andina del Señor de los Temblores, con una iconografía algo distinta y otra gama de colores.
La procesión fue todo un éxito y desde entonces se ha convertido en una tradición extraordinaria que, con justa razón, ha ganado la fama de ser la celebración católica que congrega más fieles en todo el mundo. El color morado fue adoptado después y proviene del hábito de las hermanas de claustro de las Nazarenas, consagradas en el dolor para el servicio abnegado, con el encargo especial de cuidar y venerar la imagen durante su salida por las calles de Lima....