Destino

El Valle de las Maravillas

El valle del Colca, majestuoso por su entorno y memorable por las culturas que lo habitaron, es el paraíso de los amantes de la naturaleza y la aventura. Vale el esfuerzo remontar los Andes del sur y adentrarse en sus imponentes dominios.

Texto y Fotos: Walter H. Wust



El valle de Colca es, ante todo, una impresionante formación geológica. Su origen se inició con el discurrir del río que le da nombre, hace millones de años, y continuó de manera ininterrumpida a lo largo del tiempo. La formidable abrasión de las aguas en su descenso por las montañas fue labrando la roca a través de las zonas más débiles y que ofrecían menor resistencia. Poco a poco el fértil valle fue naciendo y, con la ayuda del tiempo, también uno de los cañones naturales más profundos y espectaculares del planeta. El valle comienza en las cercanías del pintoresco Chivay, el principal centro poblado de la zona, y prosigue con dirección noroeste a lo largo de más de sesenta kilómetros de recorrido hasta la zona conocida como la Cruz del Cóndor, en las cercanías de Cabanaconde. Desde allí, el valle se estrecha significativamente, dando origen al famoso Cañón del Colca -uno de los mayores del mundo-, cuya profundidad promedio ha sido calculada en 3400 metros (más de dos veces la del cañón del río Colorado) tomada desde sus puntos de mayor altura: los cerros Yajirhua (5212 msnm) y Lucerna (4245 msnm).
Sus abruptos acantilados, casi verticales, nacen en las nieves andinas de la imponente Cordillera de Chila, cuyos picos nevados -origen primigenio del gran río Amazonas- se elevan a más de cinco mil metros de altura en la margen derecha del río Colca, y descienden -siempre de manera vertiginosa- a lo largo de otros cuarenta kilómetros hasta la confluencia con el río Andamayo, marcando el final del cañón y el inicio del valle de Majes. Así, pues, el mismo río recibe tres denominaciones diferentes a medida que va bañando los territorios en su camino a los llanos: Colca, en las alturas; Majes, en su zona media, y Camaná, en el desierto costero, justo antes de verter sus aguas en el Pacífico.
Antiguos pobladores

Cuentan las crónicas que dos grupos étnicos muy diferentes habitaron esta región desde tiempos inmemoriales. Llegaron procedentes de lugares distantes y desplazaron a los primeros pobladores del lugar gracias a su poderío militar y sus habilidades en la aplicación de herramientas y técnicas agrícolas. Los collaguas se decían hijos del volcán Collaguata y aseguraban proceder de sus entrañas. Cuenta una vieja leyenda que "de él salieron todos ellos con sus armas, atuendos y tocados, y bajaron por las faldas del nevado conquistando la región". Un rasgo que los caracterizaba era la singular forma aguzada de sus cabezas, las que deformaban desde que eran recién nacidos para imitar la figura del cono volcánico del que consideraban su apu tutelar. Un segundo grupo, llamado cabana, decíase procedente de las profundidades del nevado Hualca-Hualca. Ellos también deformaron los cráneos de sus infantes, pero, de manera contraria a sus vecinos, adoptaron una forma achatada similar a la silueta de su Pacarina o cerro natal. Una diferencia adicional entre los dos pueblos de la región fue el idioma. Los collaguas hablaban aymara, mientras que los cabana una forma de quechua algo diferente de la del Cusco.....