Eduardo Risso Montes : "Hay que incorporar las provincias en la Asociación"
Para el flamante presidente de la Asociación Nacional de Criadores y Propietarios del Caballo Peruano de Paso, el reto de su gestión radica en descentralizar la institución y acercarla plenamente a los miles de aficionados y criadores en todo el país y, a la vez, ponerla al frente de una unión internacional de asociaciones de la raza.
Texto: Martín Higa Fotos: Jaime Rey de Castro
Sin necesidad de caer en el patrioterismo, una marinera y un vals hicieron que la gente se pusiera de pie. Sin la excusa de celebrar alguna efemérides histórica, la bandera roja y blanca, agitada en alto, fue suficiente para derramar una lágrima. La noche anterior a la clausura del 61º Concurso Nacional de la ANCPCPP, Mamacona disfrutó de la Gala del Caballo Peruano de Paso.
Mucho más que un show nocturno o un compendio musical de la historia de la raza caballar peruana, la Gala -que se realizó por cuarto año consecutivo, y que esta vez tuvo el nombre Luz y Sonido- permitió que las dos mil personas que abarrotaron las graderías comprobaran que el caballo del Perú materializa los sentimientos de identidad nacional.
"El caballo es el señor del arenal, es el viento domado. Un fragmento de segundo hace la diferencia", rezaba uno de los versos de Enrique Aramburú Raygada, que abrieron la Gala. Después, sucesivas escenas, musicalizadas por los miembros de la compañía teatral Yuyachkani y acompañadas por la banda de la Policía Nacional, contaron la evolución del Caballo Peruano de Paso, desde que sus ancestros berberiscos llegaron al Perú hace quinientos años, acompañando al conquistador Francisco Pizarro, hasta la actualidad.
A un lado de la cancha principal, el juego de reflectores difuminaba las sombras y la ligera neblina. Muchos de los asistentes no conocían la historia del Caballo Peruano de Paso ni la trascendencia que este ha tenido en la agricultura y en el desarrollo de la sociedad peruana durante los cinco siglos que nos ha acompañado. A lo largo de las dos horas de espectáculo musical, danzas y estampas, el público también pudo conocer el proceso meticuloso y gradual que implica adiestrar a los caballos desde que nacen, y que da como resultado un animal dócil y leal. Durante este tiempo, buena parte de las expresiones musicales del Perú -desde el tondero hasta el landó, pasando por el carnaval puneño y la diablada, y al son del cajón, la zampoña y el arpa- enmarcaron las actuaciones.
El espectador, y quizás esto sea lo más importante, participó del concepto que guía la afición y la crianza del Caballo Peruano de Paso: la responsabilidad de proteger y fortalecer una especie que la sociedad peruana, a lo largo del tiempo, ha concebido. La Gala lo ilustró, al mostrar las diferentes facetas en las que nuestro caballo nos ha acompañado: el trabajo del campo, el arte -como lo prueban la marinera limeña y el vals-, el romance y el cortejo y también las festividades, como la antigua feria de Amancaes.
Y las estampas de Amancaes las sintetizaron muy bien, al escenificar plenamente la concurrencia que asistía a aquella pampa que hoy es parte del Rímac: educados vendedores de sanguito; guardias civiles con el viejo uniforme rojiazul; jóvenes señoritas y galantes caballeros caminando del brazo; fruteros y tamaleros entusiastas por empezar la mañana; aficionados a las peleas de gallos y al pisco; y, por supuesto, chalanes con poncho de lino y pañuelo al cuello, como don José Antonio Lavalle.....*