Patrona de América, primera santa del continente, Santa Rosa de Lima no deja de ser -a ojos del siglo XXI- un personaje enigmático. No obstante, continúa siendo objeto de una creciente devoción aquí y en el exterior, como se comprueba cada 30 de agosto.
Texto: Gonzalo Carrillo
Fotos: Arturo Casalino
Imaginemos una muchacha dulce, buena y bella, y con una gran cantidad de admiradores. Pronto nos enteramos de que casi no come ni bebe, que suele infligirse terribles castigos físicos, que duerme sobre unas tablas, que se ha cortado el pelo casi al ras, que cubre su rostro con un velo. Y, finalmente, que se ha encerrado a vivir en una pequeña habitación, totalmente apartada del mundo.
Definitivamente los tiempos han cambiado, pues lo que hoy nos parecería muy extraño, hace casi quinientos años se consideraba "santidad". Eso hizo Rosa de Lima, quien escogió uno de los caminos más duros para llegar a ser santa: el martirio físico.
Castigar la carne para que aflore el alma; buscar el dolor como catalizador de la experiencia mística. Se han escrito muchas páginas sobre este tema, a favor y en contra, analizando esta experiencia desde el punto de vista místico hasta el de la patología psicológica. Y siempre habrá polémica: Santa Rosa de Lima será la patrona de las Américas para muchos; un caso clínico para otros.
Lo cierto es que aquellos tiempos hoy nos parecen muy lejanos. Estamos en la época en que el cuerpo es el centro del universo. Las dietas, las cremas, la eterna juventud, todo está dirigido a resaltar lo físico. Los nuevos sacerdotes son los modistos, y las nuevas santas, las modelos. En un mundo así, Santa Rosa de Lima nos parece incomprensible, casi inhumana. Y sin embargo, medio mundo aún la venera.
Rosa en flor
Rosa de Lima, la primera santa americana canonizada, nació con el nombre de Isabel, en Lima, en 1586. Sus padres fueron españoles: Gaspar de Flores y María de Oliva. En Lima se vivía en aquellos tiempos la época dorada de la santidad. Una constelación de santos vivía aquí. Rosa conoció a San Martín de Porres y a San Juan Masías, dominicos. Fue confirmada en 1597 en Quives, Canta, por el segundo arzobispo de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, y oyó las predicas de San Francisco Solano y San Juan Masías. Era un ambiente propicio para la vivencia espiritual, si se toma en cuenta que el continente americano hacía poco que había sido evangelizado.
Quizá por eso, desde pequeña, Rosa mostró un comportamiento un tanto diferente del de las niñas de su edad. No es común, por ejemplo, que una madre orgullosa adorne los cabellos de su niña con una guirnalda de flores para lucirla ante algunas visitas. Y que luego la niña se clave una de las horquillas de la guirnalda en la cabeza con la intención de hacer penitencia, y que se aparezca sangrando frente a las visitas de su madre. La escena parece sacada de alguna película de Brian de Palma, ¿no?
Se cuenta también de ella que, como las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse. Cierta vez una dama le hizo un día cumplimientos acerca de la suavidad de la piel de sus manos y de la finura de sus dedos. Inmediatamente la santa se frotó las manos con barro, y no pudo vestirse por sí misma en un mes....