Schiaffino, El Mago
Su restaurante se llama Malabar, y en él Pedro Miguel Schiaffino ha creado un ambiente de magia en el que cada plato es un acto espectacular.
“Deténgase. Observe. Déjese llevar por su imaginación. Pero sobre todo, diviértase. Ofrecemos propuestas originales nacidas del legado gastronómico peruano. Cada plato tiene su razón y su historia. Buscamos sorprenderlo, permitirle conocer nuevos productos y crear nuevos recuerdos”.
Con esta invitación lo recibe Malabar, el restaurante de Pedro Miguel Schiaffino. Y si usted prueba alguno de sus exquisitos platos, no podrá menos que sonreír y pensar: nunca tan bien escogido el nombre de un restaurante. Claro, en este plato hay magia, equilibrio, audacia. En sus sabores y en la combinación de sus elementos hay oficio, pero también hay secretos de mago, destreza y riesgos, pero al final llegamos al otro lado de la cuerda, sanos y salvos.

“Deténgase. Observe. Déjese llevar por su imaginación. Pero sobre todo, diviértase. Ofrecemos propuestas originales nacidas del legado gastronómico peruano. Cada plato tiene su razón y su historia. Buscamos sorprenderlo, permitirle conocer nuevos productos y crear nuevos recuerdos”.
Con esta invitación lo recibe Malabar, el restaurante de Pedro Miguel Schiaffino. Y si usted prueba alguno de sus exquisitos platos, no podrá menos que sonreír y pensar: nunca tan bien escogido el nombre de un restaurante. Claro, en este plato hay magia, equilibrio, audacia. En sus sabores y en la combinación de sus elementos hay oficio, pero también hay secretos de mago, destreza y riesgos, pero al final llegamos al otro lado de la cuerda, sanos y salvos.


“No —dice Pedro Miguel Schiaffino—, no le puse Malabar por eso. Fue de casualidad. Estábamos buscando nombre para el restaurante mientras le dábamos los últimos toques a la decoración. Yo quería algo que no se identificara con ninguna comida, con ninguna idea. No quería que le pongan una etiqueta a mi cocina. Quería ir construyendo mi filosofía sin ideas preconcebidas. Y en unas telas que se iban usar para decorar una parte estaba la palabra Malabar. Y así fue”.
Si algo resalta en la personalidad de Pedro Miguel es su lado práctico. Se le nota seguro, honesto, directo. De allí que justifique con esa simpleza el nombre de su restaurante. Pero su cocina es justamente lo complementario. Está llena de imaginación, de creatividad, de fantasía. Por eso quizás, el inconsciente —dirían los freudianos— lo traicionó al buscar el nombre. Y Malabar se abrió camino a la conciencia...(*)
(*) El articulo completo lo encontrará en la edición Nº 30 de la Revista Orgullo del Perú.





