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Personaje

La reina de la cocina criolla


Única, irrepetible, Teresa Izquierdo es la más célebre guisandera de Lima. Con cariño ha sabido conservar antiguas técnicas y recetas de la cocina casera peruana. Su arte culinario es como ella misma: sin pretensiones ni falsos sabores, genuinamente criollo.




Una fría mañana, Luz Divina González amaneció con malestar en el cuerpo. Imposible ir a trabajar, así que le pidió a su hija que la reemplazara. Los compromisos culinarios no podían esperar: había que preparar el almuerzo para una aristocrática familia limeña de ocho personas. No era sencillo, pero la hija no se amilanó, y al final la familia quedó satisfecha.

Han pasado muchos años, pero Teresa Izquierdo González, la hija de Luz Divina, recuerda con sorprendente nitidez el menú que preparó aquel día: sopa servida, asado con lentejas y ensalada, y de postre, pie de limón. El detalle es que tenía entonces solo ocho años.
Prácticamente, doña Teresa ha pasado toda la vida cocinando, pero no le gusta que le digan chef. Ella prefiere el título de guisandera. Y es que ese nombre refleja su vocación y la de su madre, y le recuerda la modestia con que se hacen las grandes cosas.

“Todo lo que he empezado en la vida ha sido por necesidad”, cuenta. Siguiendo los consejos de su madre, comenzó preparando dulces para venderlos. La lista estaba encabezada por el célebre turrón de Doña Pepa. También se dio tiempo para cocinar a solicitud de algunas familias, y en ocasiones especiales, como la Feria del Señor de los Milagros, peleas de gallos y concursos de Caballos Peruanos de Paso. Fue así como su fama creció a la limeñísima velocidad del rumor.


“No le gusta que le digan chef. Ella prefiere el título de guisandera”.


Radio bemba


Allá por la década de 1950, en la antigua Ciudad de los Reyes, algunos vecinos opinaban que su garbanzo con estofado de punta de pecho era inobjetable; otros porfiaban que el tallarín al pesto con bistec apanado era de lo mejor. Un extranjero se quedó boquiabierto al probar su cau cau. Otro dijo que no comería más que frejoles con seco. Con relación a los dulces limeños, Teresa ha encantado a tres generaciones que adoran su crema volteada de quinua, el suspiro limeño, el arroz con leche y el mítico ranfañote.
Los elogios fueron transmitidos de persona a persona, de familia a familia, de barrio a barrio, hasta que llegó el momento del despegue. Con mucho esfuerzo abrió su primer restaurante, hace treinta años. Le puso “El rincón que no conoces”, como un guiño pícaro al culto —muy limeño— por los huariques.

Las paredes de su restaurante dan cuenta de célebres comensales que llegaban al antiguo local y al actual. En ellas encontramos fotografías de presidentes de la República, alcaldes, congresistas, músicos, escritores, deportistas, jueces, cantantes, diplomáticos, todos abrazados, agradecidos y sonrientes junto a doña Tere.

A pesar de ello, no todo fue siempre de color de rosa. Teresa, su familia —y, por supuesto, el Perú entero— pasaron por épocas muy duras en los años de terrorismo. Felizmente eso ya terminó y todos vimos una luz al final del túnel. Cosa rara: Teresa, en cambio, vio una escalera.



“Ha encantado hasta tres generaciones que adoran su crema volteada de quinua”.


La escalera del éxito


boom de la gastronomía nacional la encontró al pie del fogón. Como se sabe, el ‘descubrimiento’ de la cocina peruana trajo consigo la revalorización de cocinas regionales y tradicionales, como la suya. En 2006, Teresa fue declarada ‘Maestra del Arte Culinario’ por el Ministerio de Educación. Viajó a varios países, representando a nuestra afamada gastronomía. A la fecha también ha publicado dos libros de recetas que se vendieron muy bien. Por si fuera poco, es común verla en programas de televisión.