Destino
Titicaca vivencial

A orillas del gran Titicaca se han desarrollado varios emprendimientos exitosos de turismo rural comunitario, una nueva y cada vez más solicitada forma de viajar en la que se combinan sabiamente tradiciones locales con un conocimiento profundo de la cultura y el paisaje.
Un día, hace más de una década, Valentín Quispe —un joven comunero de la península de Capachica— se cansó de observar cómo los ómnibus de turistas pasaban de largo por sus pagos sin dejar mayor beneficio para la comunidad. Entonces decidió juntar esfuerzos y, con otras familias de la zona, creó la Asociación de Promoción de Turismo de Llachón para brindar hospedaje y excursiones a los viajeros que pasaran por este privilegiado rincón del Altiplano. El reto fue grande —pasar de una economía de subsistencia a una de carácter empresarial— pero gracias al tesón característico del hombre andino lograron cuajar el proyecto que hoy es uno de los más exitosos en la región Puno.
Los comuneros de Llachón han acondicionado más de cincuenta camas en sus propias casas y el resultado es mejor que un hotel de cinco estrellas: cuartos abrigados decorados primorosamente con cortinas de totora y colchas tejidas por ellos mismos con una impresionante vista al lago Titicaca.
Organizaciones de apoyo brindan asesoría a los comuneros de Llachón y fortalecen las capacidades del proyecto a través de pasantías y capacitación en administración hotelera y guiado.
Además del impresionante paisaje del lago, el visitante encontrará en Llachón una oportunidad invalorable de compartir con los comuneros sus prácticas de subsistencia, como la pesca y el cultivo de tubérculos. Para eso, hay que levantarse antes del amanecer, acompañar a los amigos de Valentín en sus faenas y trabajar codo a codo con ellos. La recompensa llega a mediodía con un almuerzo servido sobre coloridos manteles de lana que llegan con papas nativas recién cosechadas, habas, queso y carnes asadas. Le aseguramos que no comerá tan bien ni en la cima de la torre Eiffel.
Una persona generalmente define su profesión como lo que hace para vivir. Así, uno es carpintero, agricultor o empresario. La profesión de los pobladores de Taquile es simplemente ser ellos mismos.

Quechuas en medio del universo aimara, los taquileños son dueños de una emprendimiento de turismo vivencial que tiene más de veinte años de vida y ha servido como ejemplo para otras comunidades, como Anapia y Llachón. Su rígida organización comunal ha permitido a los taquileños conservar sus usos y costumbres y defenderse del gran impacto que representa la invasión del turismo.....(*)
(*) El articulo completo lo encontrará en la edición Nº 30 de la Revista Orgullo del Perú.
Además del impresionante paisaje del lago, el visitante encontrará en Llachón una oportunidad invalorable de compartir con los comuneros sus prácticas de subsistencia, como la pesca y el cultivo de tubérculos. Para eso, hay que levantarse antes del amanecer, acompañar a los amigos de Valentín en sus faenas y trabajar codo a codo con ellos. La recompensa llega a mediodía con un almuerzo servido sobre coloridos manteles de lana que llegan con papas nativas recién cosechadas, habas, queso y carnes asadas. Le aseguramos que no comerá tan bien ni en la cima de la torre Eiffel.
Profesión taquileño
Una persona generalmente define su profesión como lo que hace para vivir. Así, uno es carpintero, agricultor o empresario. La profesión de los pobladores de Taquile es simplemente ser ellos mismos.

Quechuas en medio del universo aimara, los taquileños son dueños de una emprendimiento de turismo vivencial que tiene más de veinte años de vida y ha servido como ejemplo para otras comunidades, como Anapia y Llachón. Su rígida organización comunal ha permitido a los taquileños conservar sus usos y costumbres y defenderse del gran impacto que representa la invasión del turismo.....(*)
(*) El articulo completo lo encontrará en la edición Nº 30 de la Revista Orgullo del Perú.





