Cine
Cineasta premiado
Josué Méndez es, con sobrada justicia, el realizador peruano del momento. Goza del favor de la crítica, del reconocimiento del público y de valiosos premios que cosecha en cuanto festival internacional se presentan sus filmes.
Josué Méndez nunca imaginó, ni durante los más delirantes juegos infantiles, que llegaría a convertirse en un director de cine. Y en uno talentoso, además, asiduo partícipe en importantes festivales internacionales, en los cuales ha recibido diversas distinciones. Aunque, claro, cómo imaginar un futuro así de promisorio con tanta anticipación. Sin embargo, el pequeño Josué —que creció como hijo único, al perder tempranamente a una hermana, víctima del cáncer— adquirió, casi sin proponérselo, una desenfrenada pasión por el séptimo arte. Ver y disfrutar de una cantidad inimaginable de filmes se convirtió en una de sus principales actividades. “Siempre me encontraba con bastante tiempo —recuerda Josué—. Me dedicaba a ver películas desde muy chico y, por alguna razón, tenía una buena memoria visual, que me permitía aprenderme los nombres de los directores y de los actores de las películas”.
El principio
Hasta ese momento, el cine no traspasaba las fronteras de un hobbie cualquiera. Hasta que, aún cursando el colegio, Josué ingresa al taller de Armando Robles Godoy, el conocido cineasta peruano. “Y es allí —apunta, Josué— donde me doy cuenta del vuelo que tiene el cine. Me doy cuenta de que el cine se estudia, que es un oficio, una carrera. Y además, una manera de contar historias y decir lo que piensas acerca del mundo. Eso me cautiva y decido estudiarlo en serio”. El calendario marcaba el año 1994 y Josué alza vuelo y llega a los Estados Unidos para seguir cine en la prestigiosa Universidad de Yale. “Estudié cine sin ningún sentido práctico. Era lo único que me imaginaba estudiando. No me veía siendo médico, ingeniero, abogado…”.


En Yale no solo estudia cine: también se matricula en estudios latinoamericanos. “Estudiar eso tampoco era muy práctico, y supuestamente no me serviría de mucho, sin embargo me gustó la idea de conocer la historia latinoamericana. Hay tantas cosas que nos unen a todos los países. Acá no te enseñan eso, sino las cosas que te separan de los demás países”, señala Josué, quien se graduó en 1998 y retornó al Perú.
Como papá, ‘el Gaucho’ tampoco era el típico militar. “Nunca hablé de sexo con él, pero una vez me puse un zapato y sentí algo dentro. Pensé que era una cucaracha y me asusté, pero era un preservativo. Mi mamá me contó muchos años después que fue mi papá quien lo puso allí. Era su manera de preocuparse. Sólo sentía que era militar cuando me castigaba al estilo tropa. Por ejemplo, mandándome a escribir quinientas veces ‘no debo hacer esto o aquello’, y hasta que no lo hacía, no podía salir”....(*)
Regreso a casa
Nuevamente instalado en Lima, Josué debe enfrentarse a la presión ejercida, quizás involuntariamente, por familiares y amigos, resumida en la inevitable interrogante:“¿A qué te vas a dedicar?”. “Decido, entonces irme a Arequipa. No me quería quedar en Lima, porque en Lima todo el mundo me preguntaba qué iba a hacer”. En Arequipa, Josué pasa seis meses dedicándose, entre otras cosas, a trabajar en un canal de televisión. Es allí, en las faldas del Misti, donde realiza su primer corto, que ha merecido algún reconocimiento. Y es que, si bien ya había urdido un par de cortometrajes (Solo buenos amigos, en 1997 y Dreams & Other Adagios, en 1998), con Parelisa su carrera cinematográfica inicia el despegue. Se trata de un corto filmado también en 16 mm, pero a razón del propio Josué, el primero realizado de un modo profesional. Parelisa no solo viajó por diversos festivales cosechando elogios a su paso: también obtuvo, en el Festival Iberoamericano de Cine de Huesca, en España, el codiciado premio “Casa de América” al mejor realizador novel.
(*) El articulo completo lo encontrará en la edición Nº 30 de la Revista Orgullo del Perú.





